¿Van a dejar de ser los Estados Unidos el líder económico del mundo? Samuel Doria Medina
¿Van a dejar de ser los Estados Unidos el líder económico del mundo? Samuel Doria Medina
En estos días de falta de dólares en el país, se ha estado discutiendo la posibilidad de que la divisa estadounidense sea sustituida por otras monedas. Hace algunos días, tuve un debate con un periodista respecto a esta posibilidad. Él se basaba en las noticias sobre posibles acuerdos entre Brasil y China para transar en yuanes y reales las importaciones y exportaciones de ambos países. Yo le dije que, al margen de nuestros deseos, el dólar seguiría siendo la principal moneda internacionaldurante nuestro tiempo de vida, y que, por tanto, Bolivia seguiría necesitando generar dólares para poseer una economía saneada. En este artículo quiero explicar por qué hice esta afirmación.
La presunción de que el dólar disminuirá su importancia se basa en la creencia de que Estados Unidos está perdiendo la condición de primera potencia del mundo, alimentada por diferentes hechos recientes, como el crecimiento del producto interno bruto (PIB) de China, la salida estadounidense de Afganistán y los problemas internos de la democracia de este país.
Sin embargo, quien realice un análisis económico encontrará que esta creencia es infundada. Al contrario, deberá llegar a la conclusión, que acabo de mencionar, de que el dólar seguirá estando respaldado por la primera economía del mundo por mucho tiempo. Veamos.
En 2022, el PIB de EEUU fue de 25.462.700 millones de dólares o, en la nomenclatura anglosajona, de 25,4 trillones. Este es el PIB más alto del mundo de lejos. El de China llegó a 19,3 trillones, seis trillones menos. La diferencia de EEUU respecto a China es muchísimo mayor si se toma en cuenta el PIB per cápita. Aunque la potencia americana no ocupe el primer puesto en este indicador, de todas maneras está entre los mejor situados, solo después de algunos países escandinavos y Suiza. La renta anual promedio de un estadounidense en 2022 fue de 76,622 dólares, 82% más alta que la de un chino y 50% mayor que la de un europeo.
Es verdad que EEUU está enfrentando hoy un escenario de inflación y poco crecimiento, pero, para llegar a conclusiones sobre su futuro, hay que observar su comportamiento de mediano plazo; por ejemplo, la capitalización de sus empresas. Si alguien hubiera invertido 100 dólares en empresas americanas del listado Standard and Poor’s en 1990, hoy tendría 2.300 dólares; si hubiera hecho lo mismo en el resto de los países ricos, hoy tendría apenas 510 dólares. El cálculo es de The Economist. Esta misma revista ha publicado que lo mismo ocurrió con otro factor productivo tan fundamental como el capital: el trabajo. Desde la misma fecha, 1990, la fuerza de trabajo estadounidense aumentó 38%, de 127 millones de trabajadores a 175 millones en 2022. En cambio, en Europa occidental, en el mismo periodo, la población trabajadora solo creció en 9%, de 94 millones a 102 millones. Es cierto que este crecimiento se realiza en un entorno sin muchas regulaciones que en ocasiones puede ser duro con los empleados, pero este es otro punto; también lo es la relativamente baja esperanza de vida de los estadounidenses, de 77 años, que se debe a la suma de armas, drogas y un sistema de salud extraordinariamente bueno, pero caro y muy privatizado. Lo que nos interesa en esta ocasión es poder pronosticar si el predominio “gringo” perdurará o no a mediano plazo. Y, a este respecto, hay que estar seguros de ello, en especial por datos tan importantes para la economía actual del conocimiento como el hecho de que esta potencia albergue a todas las grandes plataformas tecnológicas actuales, inclusive las que desarrollan inteligencia artificial, y también a 11 de las 15 mejores universidades del mundo. EEUU también sigue liderando los rankings de investigación científica, aunque haya que reconocer que China está acortando esta brecha de una manera sorprendentemente rápida.
En todo caso, suponer que el dólar dejará de ser la moneda dominante constituye un error. Hay que adecuarse a la realidad, no a los deseos; de lo contrario, uno corre el riesgo de construir castillos de naipes.
Hay que
adecuarse a la realidad, no a los deseos; de lo contrario, uno corre el riesgo de construir castillos de naipes.

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