Evocación de Harold Olmos Mercado
FUE REDACTOR DE PRESENCIA Y CORRESPONSAL DE LA AGENCIA ESPAÑOLA EFE.
Francisco Roque Bacarreza
sábado , 15 de abril de 2023 - 04:03
Evocación de Harold Olmos Mercado
El recuerdo conduce, a veces, a la tristeza relacionada con la partida. Este sentimiento queda acrecentado cuando queda patente el vacío. Este vacío dejó mi amigo, camarada, colega y compadre don José Harold Olmos Mendoza.
La tristeza quiero atenuarla con el recuerdo de quien recientemente partió dejándonos reminiscencias de quien en realidad fue y que sus amigos más cercanos conocemos, más allá del prolífico trabajo periodístico y como escritor sobre el que pueden llenarse carillas con elogios.
A Harold prefiero recordarlo como el bohemio de las largas noches en las que se construía prestigio de su amado periódico, Presencia. En la vieja y estrecha redacción de la calle Colón, concluida la misión informativa de la jornada parte del personal continuaba para desmenuzar lo acontecido, relajarse del estrés, amenizar la charla con una mezcla de Seven Up y singani o una interminable ronda de cacho.
Algunas noches Harold tomaba la guitarra para compartir canciones del repertorio popular. La prolongación de la jornada periodística, algunas veces, tenía el premio adicional de la primicia muchas llegadas después de la media noche a través del teletipo o se alcanzaba a informarse sobre las contradicciones o conflictos en las altas esferas del gobierno, disputas ocurridas durante la noche cuando la edición virtualmente estaba cerrada.
La costumbre de evitar apagar las luces de la redacción durante las largas noches, durante las dictaduras militares que imponían un estricto toque de queda a partir de las 9:00, Presencia se consideraba territorio libre a pesar de la clausura nocturna de calles y actividades.
Harold, lo mismo que el maestro y director don Huáscar Cajías, mantenía la guardia nocturna sobre todo después de asumir la corresponsalía para Bolivia de Associated Press. La vigía no impedía el espíritu bohemio y el sentimiento de libertad.
En el desempeño de la corresponsalía conjugaba el espíritu alegre con la seriedad ética del buen periodista.
Un día de gris ceniza en La Paz, Harold me llamó telefónicamente a casa para preguntar si había despachado la noticia sobre la muerte del hijo de Hugo Banzer a la agencia española para la que trabajaba, le dije que sí puesto que era pública por la difusión en la emisora estatal. Para Olmos la seriedad de su trabajo en una agencia no se conducía por la rapidez que exigen las empresas internacionales de prensa, sino por el sentido ético de corroborar la veracidad.
Ese sentido de moral deontológica cimentó el prestigio nacional e internacional de Olmos como reconociera recientemente The Washington Post al informar sobre su fallecimiento, hecho sin precedentes relacionado a un periodista boliviano.
Olmos abandonó el país en las postrimerías de los ochenta presionado por la dictadura de Luis García Meza, cuyo servicio represivo lo persiguió hasta que la protección de su amigo, monseñor Genaro Prata, no pudo impedir la persecución. La primera escala fue Lima, donde fue acogido por la oficina de AP, donde desarrolló su trabajo de periodista serio y honesto como recuerda Nestor Ikeda de la misma redacción.
Bien cimentado su prestigio fue ascendido como jefe de la agencia estadounidense en Caracas, un excelente trabajo ético, preciso e informativo como fue caso de la cobertura del Caracazo. Posteriormente fue promovido con la misma jerarquía a Brasilia.
Muchos años después de su partida forzada de La Paz nuestros caminos casi volvieron a encontrarse. Durante la dictadura del general Joao Figuereido, Olmos formó lo que se llamó la “troika” boliviana en la que participaron René Villegas, de Reuters, y Wálter Sotomayor, de United Press. La imagen brasileña estaba bajo la responsabilidad de tres periodistas de la misma nacionalidad.
El trabajo serio e impecable del trío boliviano mereció el respeto de la Cancillería de Itamaraty y el palacio de Planalto. Esa anécdota del trío la conocí cuando trabajé como corresponsal en Brasilia.
Olmos llevó grabado en su espíritu el ser boliviano, en su retiro como profesional retornó al país, donde prefirió la calidez del clima oriental al frío de La Paz. La jubilación de AP no apagó su espíritu periodístico que queda testimoniado en libros sobre el escandaloso crimen del hotel Las Américas y los numerosos artículos de prensa.
Harold, “Harito” como preferíamos llamarlo en la redacción, nos deja un vacío pero el recuerdo del colega, amigo, camarada y compadre, permanecerá en mi memoria y de los sobrevivientes de la épica Presencia.
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